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¿Por qué se quema el monte?
Aunque la casualidad de los incendios en el territorio español es variable, si se efectúa un estudio
de los factores que los originan, se aprecia la importancia de los incendios intencionados. Efectivamente, más de la mitad de los incendios son intencionados, es decir, tienen su origen en la utilización deliberada del fuego por parte del hombre. Una sexta parte de los siniestros son por causas desconocidas, que en muchos casos pueden ser también intencionados. El resto de los casos se deben básicamente a negligencias y, en menor medida, a incendios reproducidos, es decir, incendios que una vez controlados y prácticamente extinguidos vuelven a reani­marse. También hay incendios ocasionados por rayos, la única causa de origen natural, aunque en ocasiones están propicia­dos por la existencia de tendidos eléctricos aéreos.

Incendios intencionados
Los incendios intencionados representan la causa más preocu­pante y que origina un mayor número de incendios. La valoración de las motivaciones de los incendios intencionados es muy clara y contundente: las quemas agrícolas y para obtención de pastos provocan el 75 % de los incendios foresta­les. El resto de siniestros se reparten entre motivaciones de carácter cinegético, daños producidos por animales silvestres, venganzas por usos y propiedades, necesidades de empleo en extinción, especulación del suelo y madera y piromancia irracional.

Causas de los incendios intencionados
Las quemas agrícolas
suponen entre el 35 y 40% de los incendios cada año. Estas prácticas se realizan para eliminar los restos de podas o de las cosechas (rastrojos) ya segadas y recogidas, y así facilitar la preparación del suelo para la siembra de la siguiente temporada. Estas quemas no benefician en nada al suelo, sino todo lo contrario, al contribuir a su progresivo empobrecimiento. Tan sólo facilitan la labor de la maquinaria agrícola en la preparación del suelo.

Con la quema para obtención de pastos, que ocasiona entre el 30 y e1 35% de los incendios intencionados, se persigue que zonas forestales, cubiertas de matorral o bosque espeso, se transformen en zonas de pasto. Tras un incendio el rebrote da tiernos supone un buen pasto para el ganado.

Una de las principales razones que explica el gran número de incendios provocados, tanto por las quemas agrícolas como para la obtención de pastos, es que los nuevos agricultores y ganaderos poseen una menor cultura del uso del fuego y de las precauciones que deben tomarse al empleado.

Frente al elevado número de incendios provocados por las quemas, la actuación de pirómanos supone alrededor del 15% de los incendios intencionados. Hay que tener en cuenta que un pirómano es una persona con alguna alteración psíquica, no el que incendia un monte por algún otro motivo o interés. Por lo tanto, la idea generalizada entre la población de que son estas personas las que provocan la mayoría de los incendios no es correcta.

Otro motivo que causa el 6 % de los incendios intencionados son los conflictos relacionados con la .caza. En unos casos estos incendios se provocan por estar en contra de los acatamientos de caza, o por discursión de lindes entre cotos, y algunas veces, se emplea para facilitar la caza.

Los incendios provocados para ahuyentar animales sal­vajes (lobos, jabalíes) y evitar, así, los daños que se les achacan en los ganados o en los cultivos, suponen alrededor del 2% del total de los incendios intencionados.
El 7% restante de los incendios intencionados se incluyen en la categoría de otras causas. Aquí se engloban las vengan­zas, vandalismo, incendios de masas forestales con el fin de obtener luego la madera a bajo precio, incendios que persi­guen la recalificación urbanística de suelos que por su valor natural se mantienen con la calificación de suelo no urbaniza­ble, conseguir la modificación en el uso de suelo (de forestal a agrícola) y discusiones en cuanto a la titularidad de los montes públicos o privados

¿Qué ocurre después de un incendio?
Son muchas las consecuencias que se derivan de un incendio forestal. Aparte de los enormes daños medioambientales que se originan por la destrucción de la cubierta vegetal, la muerte o huida de miles de animales, la pérdida de suelo fértil y el avance de la erosión, suponen también todos los años la pérdida de vidas humanas y grandes daños en explotaciones, cultivos y viviendas. Las pérdidas económicas y las fuertes inversiones necesarias para paliar los efectos de los incendios son otras de las secuelas que deja el paso del fuego.

Así las consecuencias de un incendio se pueden agrupar en:

Consecuencias ambientales
Son varias las consecuencias ambientales que se derivan de un incendio, destrucción de la masa vegetal, desaparición de ecosistemas, pérdida y/o emigración de fauna, procesos erosi­vos, alteración del ciclo hídrico, aumento de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y desertificación.

Impacto paisajístico. El efecto más fácilmente aprecia­ble tras un incendio forestal es la pérdida de calidad paisajística debido a la destrucción de la cubierta vegetal y a una evolución de ésta hacia series regresivas.

Afección sobre la fauna. El efecto inmediato de los incendios forestales sobre la fauna es la muerte de aquellos animales que no pueden escapar del fuego, como invertebra­dos, vertebrados menores, crías con escasa movilidad, así -Como grandes Herbívoros y carnívoros atrapados entre el fuego y las alambradas o mallas cinegéticas. Otra consecuencia es la migración, por desaparición de pastos y habitas. Efecto sobre el suelo. Tras un incendio se altera la estructura edáfica del suelo y aumenta considerablemente el riesgo de degradación, ya que se hace más erosionable. Alteración del ciclo hídrico y de los cursos de agua. Como consecuencia de la pérdida de suelo, se altera drásticamente el ciclo hídrico. La infiltración disminuye y, con ello, menguan las reservas hídricas subterráneas (que constituyen los acuíferos de los que depende buena parte del consumo agrícola y urbano). Asimismo, se incrementa notablemente la escorrentía, acentuando su efecto erosivo, la cual es responsable en buena medida de las crecidas que se producen después de fuertes lluvias torrenciales en arroyos y vaguadas, con gran arrastre de materiales sólidos. Aumento en las emisiones de di óxido de carbono. En el proceso de combustión de la materia orgánica, durante un incendio forestal, se desprenden dióxido de carbono (COz), metano (CH4) y partículas sólidas en suspensión. Estas emisiones contaminantes producen da­ños ambientales evidentes, contribuyendo al efecto inver­nadero y, por tanto, al cambio climático.

Consecuencias sociales
Además de las consecuencias ambientales, los incendios, tienen una importante y negativa repercusión social. El trabajo de extinción de incendios forestales es una actividad de riesgo que todos los años es causa de accidentes mortales. El riesgo del personal que interviene en la extinción es, generalmente alto, como consecuencia del elevado número de incendios que se producen y, sobre todo, como conse­cuencia de las condiciones extremas en que se desarrolla el trabajo.

Pero las víctimas de los incendios no sólo se encuentran entre el personal de lucha contra incendios, también afectan a personas ajenas a la extinción pero que quedan atrapadas por el fuego.

La pérdida de viviendas y explotacio­nes agrícolas, ganaderas o de cualquier otra índole, el trastorno psíquico y emo­cional que se ocasiona a los habitantes de las poblaciones incendiadas son otros de los efectos de los incendios forestales.

Consecuencias económicas
A las consecuencias ambientales y so­ciales de un incendio, hay que añadir toda una serie de implicaciones de orden económico más o menos cuantificables. Después de un incendio, se produce la pérdida de importantes recursos natura­les directos e indirectos: productos ma­derables, leñas, corcho, resinas, frutos, pastos, caza y pesca. Además, desapa­recen importantes beneficios ambienta­les tales como las funciones protectoras del monte y la pérdida de valores recrea­tivos.

Los gastos necesarios para restaurar las zonas afectadas, así como las inver­siones en prevención y extinción de in­cendios también suponen importantes partidas económicas.

Ecologistas en Acción es una confederación, fruto de .la unificación de 300 grupos ecologistas de todo el Estado. Forma parte del llamado ecologismo social, que entiende que los problemas ambientales tienen su origen en un modelo de producción y consumo cada vez más globalizado y que hay que transformar si queremos evitar la crisis ecológica. Para ello, realiza campañas de sensibilización y fomento de la conservación de las áreas naturales, y denuncias contra aquellas actuaciones que dañan nuestro medio, a la vez que elabora alternativas concretas y viables en cada uno de los ámbitos en los que desarrolla su actividad. Ecologistas en Acción pone en marcha todas estas actividades a través de la colaboración y trabajo voluntario de muchas personas.

La presente publicación forma parte de la campaña que viene realizando Ecologistas en Acción para lograr una disminución de los incendios forestales y una mejor conservación de los bosques . Las personas interesadas en recibir información pueden contactar con: ECOLOGISTAS EN ACCIÓN.




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